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La sociedad de los cautivos

Gresham Sykes
nueva criminología
$490
La sociedad de los cautivos, escrita por un sociólogo estadounidense veterano de la Segunda Guerra Mundial y publicada por primera vez en 1958, fue y sigue siendo una obra fundante capaz de plantear con sencillez, sin tecnicismos académicos, verdades básicas del encierro penal y, por extensión, del orden social. Lectura ineludible para estudiosos de distintas áreas, despliega hipótesis de una vigencia sorprendente para identificar los grandes temas de la sociología de la cárcel y para revisar la función del castigo en el mundo contemporáneo. Durante tres años, Gresham Sykes visitó una cárcel de máxima seguridad en el estado de Nueva Jersey, ganándose la confianza de las autoridades, los custodios y los prisioneros. Atento a las complejas interacciones entre unos y otros, y a las jerarquías de la jerga carcelaria (los "comerciantes" que se aprovechan de sus compañeros a través de la violencia o el contrabando; los "lobos" o depredadores sexuales; las "ratas" que traicionan a sus pares; los "hombres verdaderos", respetados por todos porque contienen el conflicto con los directivos y construyen cohesión entre los reclusos), Sykes devela la magnitud de los daños que entraña el encierro y, como consecuencia, la inestabilidad y la fragilidad del orden carcelario. Así, demuestra cuán poroso y precario es ese supuesto "poder total" de la autoridad, y hasta qué punto su legitimidad no puede sostenerse en la pura coerción sino más bien en las relaciones informales, hechas de pequeños permisos y recompensas, entre los guardias y los prisioneros. La presente edición de este clásico, por primera vez a disposición de los lectores hispanohablantes, cuenta con un prólogo de Máximo Sozzo y una introducción de Bruce Western, especialistas en sociología del castigo, que restituyen el contexto y las claves de lectura de una obra que sigue alimentando el debate actual sobre la cárcel. E incluye además un epílogo del autor, quien traza un balance sincero y esclarecedor de su trabajo considerando el preocupante giro punitivo de las sociedades contemporáneas.

Controlar el delito, controlar la sociedad

Dario Melossi
nueva criminología
$575
El castigo que recibe un delincuente ¿sirve para rehabilitarlo o para incapacitarlo? ¿O es más bien un mensaje dirigido a la comunidad para inhibir potenciales impulsos por apartarse de la ley (y de paso asegurarle al "ciudadano honesto" que esta existe)? El tipo de penalidad que caracteriza a una sociedad en un momento dado se traduce en las tasas de encarcelamiento, en el funcionamiento del sistema de justicia y en el tipo de población que habita las prisiones. A la vez, se cristaliza en las imágenes con que los medios, los políticos y los académicos presentan a los delincuentes, los desviados, los outsiders como verdaderos monstruos, como enemigos públicos o como síntomas de un mundo conflictivo e injusto. Por eso, hablar de cómo las sociedades y en especial sus élites piensan el delito y reaccionan frente a él es hablar de cómo se piensan a sí mismas, qué estilos y pautas de comportamiento valoran y cuáles deciden desechar o estigmatizar. Dario Melossi, un referente insoslayable en el campo de la sociología y la criminología, traza un recorrido histórico y conceptual prodigioso sobre las ideas acerca del delito y el control social, desde la vigilancia de los primeros panópticos hasta la "simpatía por el diablo" de los Rolling Stones como símbolo de rebeldía. La primera parte sigue los debates en torno a la organización política y la reacción social ante la delincuencia en la Europa decimonónica. La segunda analiza el surgimiento del concepto de control social en la primera "democracia de masas" los Estados Unidos de Norteamérica y la reconstrucción de las posteriores teorías sociológicas de la desviación en los dos primeros tercios del siglo XX. La tercera, más compleja y abierta, rastrea los acontecimientos del período actual desde comienzos de los años setenta, una etapa marcada por un aumento sin precedentes del encarcelamiento en los Estados Unidos y desarrollos en parte semejantes y en parte divergentes en Europa. Con un posfacio escrito especialmente para los lectores en lengua española, Controlar el delito, controlar la sociedad es la combinación perfecta de síntesis y elaboración teórica, fundamental tanto para quien desee introducirse en la historia de los saberes sobre la cuestión criminal como para los especialistas, que encontrarán puntos de referencia y disparadores para indagaciones futuras.

Castigar y asistir

David Garland
nueva criminología
$635
Publicado originalmente en 1985 y traducido por primera vez al español, este libro se cuenta a la par de Vigilar y castigar de Foucault, y Cárcel y fábrica de Melossi y Pavarini entre los clásicos para pensar la historia de la penalidad y, a partir de ella, entender las formas que asume el castigo en las sociedades contemporáneas. David Garland pone el foco en el pasaje de la penalidad del siglo XIX a la del siglo XX: ese momento de transición entre un sistema que concebía a los infractores como individuos libres y responsables que, sin importar sus condiciones de vida, habían elegido apartarse de las normas, y un sistema que, al identificar las razones del delito en un orden social problemático que debe ser reformado, contempla, más que el castigo, la posibilidad de rehabilitar y corregir a los desviados. Buceando en los debates públicos de la época, los informes oficiales, los aportes de las entonces nuevas disciplinas como la psiquiatría o la criminología, Garland explica el surgimiento de lo que llamará "el complejo penal-welfarista", toda una serie de prácticas e instituciones específicas (desde las escuelas reformadoras e industriales hasta los asilos especializados para ebrios, desde la suspensión del juicio a prueba hasta los institutos para menores) que, entre el Estado y las organizaciones de caridad, se ocuparán de seguir los casos especiales: los jóvenes, los niños, los enfermos mentales, los alcohólicos, los discapacitados, los inaptos para el trabajo. En la trama de discursos de asistencia y control, esta reforma construyó su legitimidad, que recién entró en crisis en los años ochenta del siglo XX. Al analizar las formas de castigo en relación con el orden social y con las luchas políticas e ideológicas, Garland propone un trabajo fascinante y preguntas que tocan el presente: ¿por qué el programa reformista fracasó en su propósito de rehabilitar a los delincuentes y de prevenir el delito? ¿Hasta qué punto resignó su impulso inicial de cambio social para convertirse en un sistema de control burocrático y profesional de la criminalidad? ¿En qué medida obturó otras alternativas, ligadas a la redistribución básica de la riqueza y el poder, o a formas de previsión social basadas en derechos? ¿Cómo podría construirse hoy un sistema penal progresista que no caiga en las mismas contradicciones?