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La última canción de Manuel Sendero

Ariel Dorfman
escuchar con los ojos
$110
"A veces en la vida, raras veces pero a veces, uno pertenece allá donde decide pertenecer: tener hijos, temblar en el amor, echarse a la calle por una causa, quizás morir". Así hace decir Dorfman a uno de sus personajes en este su intento por hablar del exilio. El exilio de afuera, el de adentro, igual de dolorosos yenajenantes. Equivalentes. Todo, absolutamente todo hay que someterlo a un minucioso desentrañamiento, desde la práctica política hasta la relación afectiva más íntima, ya que una forma de entendernos se ha visto desquiciada por completo, Desmantelada. Se trato, pues, de recomenzar, pero no desde cero, no, sino retomando cara a cara toda aquella ingenuidad, descuido y desconocimiento, y sus resultados. Dorfman recurre a todo en su desesperación por romper con el silencio que se extendió sobre el fracaso. Juegos narrativos, imitaciones de formas de ver la realidad (tiras cómicas, tesis académicas de universidades norteamericanas), planos en el tiempo que se entrecruzan destilando un solo tono: el de un "nosotros" que ya no diferencia el estar afuera, estar adentro. Un "nosotros" que alude al lector latinoamericano en general, que lleva en sí, a su vez, el tono de una literatura latinoamericana que se ha ido abriendo paso en su realidad, mezclándose y enriqueciéndose a medida que madura. Ariel Dorfman también ha publicado en Siglo XXI su novela Viudas (1981) y un libro de ensayos, en colaboración con Armand Mattelart, Para leer al pato Donald (1972).