Nació en 1951 en Ipswich, Australia. Es el criminólogo más reconocido de la actualidad, que amplió notablemente el campo de acción de su disciplina. Profesor emérito en la Universidad Nacional de Australia, fundó allí REGNET, red mundial de instituciones, profesionales y académicos que indagan modos de regulación y gobernabilidad que no descuiden los derechos humanos, la justicia y una política ambiental sustentable. Activista de movimientos pacifistas, a favor de las políticas de desarrollo y la democracia participativa, investiga las actividades comerciales y financieras, así como la prevención del delito y la reintegración social. Entre sus obras se destacan Crime, Shame and Restoration, Restorative Justice and Responsive Regulation e Information Feudalism.

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No sólo su merecido

John Braithwaite
derecho y polÍtica
$460
Cuando una acción humana daña o lesiona a otros, ¿la única respuesta posible es la punitiva? ¿Existen modos de pensar el problema más allá de las categorías restrictivas de delito y castigo? Este libro se propone como un ambicioso aporte en esta dirección, y lo hace partiendo de una premisa tan original como provocadora: es bueno que las sociedades no se sientan cómodas respecto del castigo, que los ciudadanos lo consideren como un mal antes que como un bien en sí mismo. Frente a la evidencia de que más prisiones, más policías y mayor severidad en las penas no hacen disminuir los índices de delincuencia, John Braithwaite y Philip Pettit analizan y discuten diferentes teorías del castigo, como el enfoque retribucionista (a cada cual su justo merecido), que en la práctica suele asimilarse con políticas demagógicas de mano dura, así como las tradiciones prevencionista y utilitarista. Y proponen una perspectiva novedosa, centrada en la noción republicana de libertad, que significa respeto por las víctimas pero también por todos aquellos que se ven afectados durante el proceso penal, desde los acusados hasta los testigos. Convencidos de que su visión debe poder implementarse, detallan las medidas concretas que la harían posible: entre ellas, la parsimonia en el uso de la violencia estatal, el control sistemático del poder por parte de los individuos, la reprobación (que no es lo mismo que el castigo) frente a las ofensas que se cometen, la reintegración social del que ha ofendido, el encuentro entre las partes, el reaseguro a la comunidad de que la situación no volverá a repetirse, el reconocimiento y la reconciliación, la reparación del daño, así como la compensación a las víctimas. Escrita por dos brillantes especialistas en derecho penal y filosofía política, No sólo su merecido es una obra espléndida, que presenta una teoría integral de la justicia penal capaz de cuestionar y renovar sustancialmente las visiones hegemónicas sobre el castigo.