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Estados generales del psicoanálisis

Amy Chen
$455
En aquella oportunidad se convocó a más de mil doscientos psicoanalistas llegados de treinta y cuatro países, y contó con la participación de invitados especiales como Jacques Derrida y Armando Uribe, quienes presentaron destacadas ponencias incluídas en esta edición. Este libro incluye, además, las conferencias inaugurales del encuentro que tuvo lugar en el anfiteatro de la Sorbona en París, entre el 8 y el 11 de julio de 2000; y que significó un acontecimiento de una singularidad y de una amplitud excepcional. La apasionada convocatoria a los Estados Generales del Psicoanálisis que formuló René Major expresa el objetivo de abrir un espacio que incluya el replanteo de los modos de formación, de enseñanza, de transmisión y de organización institucional del psicoanálisis. Así sostiene, en el célebre texto que difundió para propiciar este encuentro, que "aunque el siglo XX fue una época de angustia y destrucción, que el tiempo irá evaluando progresivamente, también fue la era de la liberación de muchos prejuicios, a la que el psicoanálisis contribuyó no solamente por medio de su práctica sino también por la influencia de su pensamiento en diferentes campos de la cultura. El psicoanálisis abrió nuevos caminos para las artes y las ciencias, la literatura y la crítica literaria, la filosofía, la historia y la sociología, como lo había previsto Freud."

El paciente, el terapeuta y el Estado

Élisabeth Roudinesco
$365
En Francia, después que el Estado emprendió el control de los tratamientos de salud mental, psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos y psicoterapeutas se acusaron mutuamente de ser los responsables del sentimiento de inseguridad que invadió a la población. Y fue en vano que la fuerza pública procurara poner a todo el mundo de acuerdo y calmara los ánimos con una profusión de procedimientos de peritaje fundados sobre principios supuestamente científicos. En suma, los profesionales tiemblan y los pacientes no saben más a qué santo consagrarse. En cuanto al Estado, corriendo detrás del charlatán con un garrote en la mano, tiene dificultades para diferenciar medicinas paralelas, sectas, psicoterapias y nuevos métodos a riesgo de convertirse en promotor de confusiones o fraudes. ¿Cómo evitar esta aporía? ¿Cómo conciliar el principio de libertad en virtud del cual se reivindica el derecho de escoger a un terapeuta, y el principio de seguridad, en nombre del cual se exige ser protegidos de los impostores?