El nacimiento de la historia
François ChâteletLa formación del pensamiento historiador en Grecia
Ficha técnica
ISBN: 9682303907
Páginas: 584
Medidas: 10.5 cm. x 18 cm. x 2.8 cm.
Colección: historia
Autor: François Châtelet
Año de edición: 1978
$450
¿Por qué el hombre –ser histórico– se ha hecho historiador? Para aclarar la génesis de ese espíritu hay que acudir a un período privilegiado: el que coincide con la Grecia clásica. Del análisis de los textos helénicos surge esta verdad: el hombre se hace historiador porque deviene ciudadano; el relato histórico expresa el esfuerzo de los individuos y grupos por pensar y dominar la tragedia de la ciudad.
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9682303907
Categoría: Historia
Ficha técnica
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La guerra que entre 1926 y 1929 —y en menor escala entre 1934 y 1938—enfrentó a miles de campesinos con un gobierno que se asumía como producto de la triunfante Revolución Mexicana estuvo durante largas décadas bajo el manto del tabú. La composición social de quienes la pelearon, el ánimo jacobino — apenas reprimido— de algunos generales revolucionarios, la hostilidad entre el nuevo Estado mexicano y el Vaticano hicieron que ese largo y cruento episodio de nuestra historia se estudiara poco, casi a hurtadillas, hasta que a comienzos de los años setenta se publicó La Cristiada, libro señero por su método, su profundidad y su empatía con los vencidos. Durante siete años, Jean Meyer hurgó en archivos, realizó encuestas y registró conversaciones con muchos sobrevivientes de este choque fratricida: fruto de esa dedicación es el libro que hoy, cuarenta años después de su primera edición, publica Siglo XXI Editores.
En esta historia política y diplomática México, Washington y Roma ocupan el primer plano, con la Iglesia mexicana enfrentada al Estado nacional y al Vaticano, en un conflicto en que el petróleo no anda lejos del agua bendita y en el que resuenan la reforma agraria y las ideas de vanguardia del gobierno. La obra de Meyer está tejida de narración y análisis, de historia militar, económica y sociológica, y es a la vez un ambicioso intento de interpretación, un discurso sobre otros discursos: el de Calles —que no es el de Obregón—, el de la Santa Sede —que no es el de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa ni el del arzobispo de México—, el de los estadounidenses.
Este segundo volumen arranca con una historia política de la iglesia católica en México, desde su llegada al lado de los conquistadores hasta los conflictos con los victoriosos revolucionarios, influidos por la masonería y el anticlericalismo. El autor explica con detalla la génesis de una ruptura entre el Estado y miles de creyentes que provocaría desolación y muerte durante un trienio, así como las negociaciones y los frágiles equilibrios que permitieron inventar la tensa convivencia que se parecería a la paz. Tiene razón Jean Meyer: "a la Cristiada se la puede leer como la Ilíada". quien se asome a estas páginas "no dejará de probar una emoción profunda al leer cada uno de los episodios de esa epopeya".
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Este primer volumen aborda la guerra de los cristeros a partir de la palabra de los propios actores: los católicos de pie, la jerarquía eclesiástica, los combatientes de uno y otro bando, los generales —tanto el mítico Enrique Gorostieta como Obregón y Calles—, presentes en este relato vivo y doloroso de la confrontación. El autor tiene cuidado en mostrar que los cristeros no fueron gente de la Iglesia, ni católicos haciendo política, ni lacayos de los obispos, ni instrumentos de la Liga. Tiene razón Jean Meyer: “a la Cristiada se la puede leer como la Ilíada”. Quien se asome a estas páginas “no dejará de probar una emoción profunda al leer cada uno de los episodios de esa epopeya que pertenece al patrimonio de la humanidad”.
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La Conquista, catástrofe de los pueblos originarios es un nuevo enfoque de la conquista y la fundación de lo que fue la Nueva España. La considera parte de la historia universal en sus causas y efectos. El primer tomo del libro está dedicado a la presentación de los cuatro grandes actores del drama: los amerindios en sus sociedades comunales de parentesco, sus jefaturas y sus formaciones tributarias; los europeos del capitalismo mercantil, comerciantes, prestamistas y corsarios; los españoles recién salidos de la Reconquista, conquistadores, frailes, funcionarios y colonos, así como los africanos que llegaron, a su pesar y en condición de esclavos, para tomar parte en la fundación de la nueva sociedad. Cada uno de ellos dejó una profunda marca en el proceso, aun cuando los pueblos originarios fueron siempre mayoría.
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