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Otro capitalismo tiene que ser posible

MARIANA MAZZUCATO
sociología y política
$340
En noviembre de 2008, mientras el derrumbe financiero global se profundizaba, la entonces octogenaria reina Isabel visitó la Escuela de Economía de Londres y sorprendió a los prestigiosos académicos allí reunidos con una pregunta inocente pero muy aguda: dada la magnitud de la crisis, ¿por qué nadie la había advertido? La pregunta fue directo al corazón de dos grandes fracasos: el del capitalismo occidental, que todavía no se ha recuperado, y el de los economistas, que no entendieron qué estaba pasando. Este libro trata sobre ese doble fracaso y propone salidas completamente innovadoras. Está claro que el sistema actual no funciona: los hogares están endeudados por no poder cubrir sus gastos básicos, el desempleo afecta cada vez a más jóvenes, se ahonda la brecha entre los que más y los que menos tienen, entre las burbujas del sector financiero y el estancamiento de la economía real. Necesitamos pensar otro capitalismo desde los cimientos, para que el objetivo no sea solo redistribuir sino crear riqueza y valor, en un ciclo virtuoso y sustentable. ¿Cómo hacerlo? Para encontrar soluciones, los autores –las y los mejores economistas contemporáneos– proponen hacer a un lado las teorías ortodoxas que sustentan la mayoría de las políticas actuales, recetas que no permiten entender cómo funciona el capitalismo moderno y, por lo tanto, nunca lograrían que funcione mejor. Esas recetas, sin embargo, son muy taquilleras y dominan el debate público, porque se sostienen en visiones idealizadas y simplistas de los mercados. Los capítulos de este libro, llenos de ideas y de propuestas, comienzan por desmontar uno a uno los lugares comunes de la ortodoxia que se escuchan todo el tiempo: que la inversión pública expulsa la inversión privada, que los impuestos desincentivan la creación de riqueza y trabajo, que los gobiernos no deben tratar de dirigir o regular los mercados, que hay que tercerizar los servicios públicos, que la austeridad fiscal es la llave maestra para reducir el déficit. Con audacia, evidencia empírica y originalidad para construir un enfoque que contempla a los actores reales de la economía y la sociedad, este libro deja al desnudo que la ortodoxia anticuada que todavía decide el rumbo de muchos países no tuvo y no tiene nada para aportar. El fracaso del capitalismo no es inevitable, y esta es una contribución magistral para identificar que políticas podrían dar forma a un futuro diferente.

La conquista, catástrofe de los pueblos originarios

Enrique Semo
historia
$335
La Conquista, catástrofe de los pueblos originarios es un nuevo enfoque de la conquista y la fundación de lo que fue la Nueva España. La considera parte de la historia universal en sus causas y efectos. El primer tomo del libro está dedicado a la presentación de los cuatro grandes actores del drama: los amerindios en sus sociedades comunales de parentesco, sus jefaturas y sus formaciones tributarias; los europeos del capitalismo mercantil, comerciantes, prestamistas y corsarios; los españoles recién salidos de la Reconquista, conquistadores, frailes, funcionarios y colonos, así como los africanos que llegaron, a su pesar y en condición de esclavos, para tomar parte en la fundación de la nueva sociedad. Cada uno de ellos dejó una profunda marca en el proceso, aun cuando los pueblos originarios fueron siempre mayoría. El segundo tomo está dedicado a la historia de la conquista propiamente dicha, no solamente como se ha acostumbrado en el pasado, en la conquista del imperio mexica, sino de todo el territorio y la población de lo que fue la Nueva España y luego el México independiente: El Anáhuac con su centro vital en Tenochtitlan; el Gran Septentrión, tierra de los guerreros chichimecas y el Sur-Sureste sede de mayas, zapotecas y mixtecos que presentaron una resistencia pertinaz a la invasión. De esa mirada surge la imagen de una conquista sin fin, con rasgos y duraciones muy diferentes en el Centro, el Norte y el Sur. La forma que tomó la conquista de la Nueva España determinó la extinción de muchos pueblos originarios. Guerras mortíferas, epidemias mortales, formas de explotación extremas y aniquilamiento de culturas y religiones que aún marcan a nuestra sociedad actual.