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Biología molecular
Raúl N OndarzaAntes y después de la doble hélice
Ficha técnica
ISBN: 9789682319064
Páginas: 208
Medidas: 13.5 cm. x 21 cm. x 1.1 cm.
Colección: ciencia y técnica
Autor: Raúl N Ondarza
Año de edición: 1994
$250
La primera mitad de este libro puede ser leída con sumo aprovechamiento por cualquier lector de cultura media que desee alcanzar un sólido conocimiento de lo que es, en general, la biología molecular. La segunda mitad (proteínas, genes, virus e ingeniería genética) requiere preparación profesional considerable. Este libro es, además de una compacta introducción al tema, un desarrollo teórico imprescindible a nivel universitario.
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9789682319064
Categoría: Ciencia y Técnica
Ficha técnica
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Personas sumamente inteligentes siguen creyendo hoy en día que las matemáticas son un conjunto de verdades inquebrantables sobre el mundo físico y que el razonamiento matemático es exacto e infalible. Matemáticas: la pérdida de la certidumbre refuta este mito. Morris Kline pone de manifiesto que hoy en día no hay un concepto de las matemáticas universalmente aceptado, que de hecho hay muchos conceptos enfrentados unos a otros. Si, embargo, la capacidad de las matemáticas para describir y explorar los fenómenos físicos y sociales continúa aumentando. ¿Por qué? Morris Kline es profesor honorario de matemáticas en el Courant Institute of Mathematical Sciences de la Universidad de Nueva York, ha sido director adjunto del Mathematics Magazine y es en la actualidad director de Archive for History of Exact Sciences. Entre sus muchos libros destacan: Mathematics in Western culture, Mathematical thought from ancient to modern times y El fracaso de la matemática moderna, publicado por Siglo XXI.
Correspondencia (1916-1955)
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"Tú crees en el Dios que juega a los dados y yo en un orden y ley acabados de un mundo que, de una manera frenéticamente especulativa, estoy tratando de capturar."
Así, al escribir Einstein a Max Born en 1944, resumía dos actitudes totalmente opuestas hacia la ciencia, que nunca se reconciliaron a lo largo de esta serie de cartas. Al sostener Born que la base del mundo material era el comportamiento puramente casual de las partículas elementales del átomo, compartía el punto de vista de la mayoría de los científicos; no obstante, Einstein siguió pensando que todos los hechos debían tener su causa y buscó constantemente una explicación más profunda que debía poner en orden el aparentemente caótico mundo subatómico. Sus conflictivas perspectivas proporcionan el estímulo intelectual de la mayor parte de esta correspondencia.
Sin embargo, en el momento en que los políticos advertían el aterrorizante poder de la física atómica para proporcionar armas de inesperada destructividad, ni Born ni Einstein dieron la espalda a las implicaciones sociales de la nueva ciencia. Al principio, sus cartas compartieron un tono de preocupación, al final, cuando la bomba atómica fue usada y la inocencia de la ciencia fue relegada, ellos sólo pueden lamentarse de "la desgracia que nuestra alguna vez hermosa ciencia ha traído sobre el mundo". Las repercusiones cada vez más amplias de la guerra dominan muchas de las cartas, pues tanto Born como Einstein se vieron obligados a escapar de Alemania durante el régimen de Hitler y las cicatrices de la experiencia perduraron tanto que Einstein no se sintió nunca capaz de regresar.
A pesar de sus diferencias científicas, Born y Einstein sostuvieron una rara y cercana amistad durante más de cuarenta años, hasta la muerte de Einstein en 1955 (Max Born vivió hasta 1970). Durante largos períodos esta cartas fueron el único lazo entre ellos. Ya sea compadeciéndose por la condición de judíos alemanes en el exilio, o deleitándose con las canciones y poemas de Hedwig, la esposa de Born, o intercambiando penetrantes y, frecuentemente, satíricos comentarios acerca de sus colegas científicos, los dos hombres muestran de principio a fin la calidez esencial y la generosidad de sus personalidades. Como escribe Bertrand Russell en el prólogo: "En una época de mediocridad y pigmeos morales, sus vidas brillan con una intensa belleza. Algo de esto se refleja en su correspondencia y el mundo se enriquece con su publicación".
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Profusamente ilustrado con fotografías y dibujos, La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural presenta cuentos asombrosos del rico folclore de los animales: un cerdo letrado que fue más admirado que Isaac Newton por el público inglés, un elefante al cual Lord Byron quiso emplear como su mayordomo, un caballo danzante cuyas capacidades matemáticas fueron ensalzadas por WiIliam Shakespeare y, desde luego, la criatura extraordinaria que fue llamada la Sirena de Fiji. Este objeto fue la curiosidad principal de Londres en el decenio de 1820 y, ya más entrado el siglo, recorrió Estados Unidos bajo la dirección de P.T. Barnum. La 5irena, que tenía un extraño parecido con un mono acartonado y desfigurado con una cola de pescado, fue proclamada, pese a ello, como un espécimen genuino por los "expertos”.
Bondeson explora otras maravillas zoológicas: sapos que vivieron embutidos en piedras sólidas durante siglos, pececillos que llovían del cielo y patos marinos que nacían de árboles y allí vivían hasta que podían levantar el vuelo. En dos de sus capítulos más fascinantes, el autor descubre los orígenes del basilisco, considerado uno de los monstruos míticos más inexplicables, y del cordero vegetal de Tartaria. Se decía que el basilisco, que tenía cabeza y cuerpo de gallo y cola de serpiente, podía matar a una persona con la mirada. Bondeson demuestra que la creencia en esta criatura fabulosa se debía a interpretaciones equivocadas de hechos extraños de la historia natural. El cordero vegetal, pieza central de los museos durante el siglo XVII, era, según se decía, medio planta y medio animal, pero nacía de un tallo. Después de haber examinado dos de estos corderos vegetales que aún existen en Londres, Bondeson ofrece una teoría nueva para explicar esta vieja falacia.
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