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La tarjeta postal

Jacques Derrida
psicología y psicoanálisis
$695
Leías una cartadeamor de estilo un tanto retro, la última de la historia. Pero todavía no la has recibido. Si, por falta o por exceso de dirección ¿o de destreza?, se presta a caer en todas las manos: una tarjera postal, una carta abierta donde el secreto aparece pero indescifrable. Puedes tomarla o hacerla pasar, por ejemplo, por un mensaje de Sócrates a Freud. ¿Qué quiere decirte una tarjeta postal? ¿Bajo qué condiciones es posible? Su destinar te atraviesa, ya no sabes quién eres. En el instante mismo en que con su dirección interpela, a ti, únicamente a ti, en lugar de reunirse contigo te divide o te separa, en ocasiones te ignora. Y te gusta y no te gusta, hace contigo lo que quieres, te toma, te deja, te da. Del otro lado de la postal, mira, se te hace una proposlclón S y p, Socrates y plato. Por una vez, el primero parece escribir, y hasta eso, con la otra mano raspa. Pero ¿qué hace Platón a sus espaldas con el dedo en alto? Mientras te entretienes dándole vueltas en todos los sentidos, la imagen te da vueltas a ti cual una carta, y de entrada te descifra, pre-ocupa el espacio, te proporciona las palabras y los gestos, todos los cuerpos que crees inventar para acotarla. Te encuentras, tú, sobre su trayecto. El grueso soporte de la tarjeta, un libro pesado y ligero, es también el espectro de esta escena, el análisis entre Sócrates y Platon, inscritos en el programa de otros más. Como quien dice la buenaventura, un "fortune-telling book" esta atento a-Io-que-debe-suceder, especula en torno a ello, y sobre lo que debe llegar sobre lo que eso puede efectivamente querer decir llegar, deber llegar, dejar o hacer llegar, destinar, dirigir, enviar, legar, heredar, etcétera, en caso de que eso signifique aún, entre el aquí y el allá, lo cercano y lo lejano, da und fort, el uno o el otro. Ubicas el tema del libro: entre los correos y el movimiento analítico, el principio de placer y la historia de las telecomunicaciones, la tarjeta postal y la carta robada, en suma la transferencia desde Sócrates hasta Freud, y más allá. Esta sátira de la literatura epistolar debla estar repleta: de direcciones, de códigos postales, de misivas en clave, de cartas anónimas, todo ello librado a tantos modos, géneros y tonos. Me propaso también aquí con fechas, firmas, títulos o referencias, la lengua misma.