A medida que vamos creciendo, vivmos nuevas experiencias: hacemos nuevos amigos, descubrimos el amor y también el miedo; entendemos que no todos pensamos igual. Y entonces salimos a buscar respuestas a las preguntas que nos ayudan a entender cómo funciona el mundo.
Las palabras tienen magia porque nos permiten nombrar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que esperamos. Pero a veces nos gastan bromas, como cuando se quedan detenidas en la punta de la lengua y ya no las podemos encontrar.