Es doctora en Ciencias Sociales, especializada en Antropología social; profesora – investigadora del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO; investigadora Nacional SIN (Sistema Nacional de Investigadores, nivel III), y miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias. Ha impartido clases como docente invitada en varias universidades de Latinoamérica, España y los Estados Unidos. Ha sido Tinker Visiting Profesor en el Center for Latinamerican Studies (Universidad de Stanford, 2001), catedrática UNESCO en Comunicación (Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad Javeriana de Bogotá, 2004), y Andrés Bello Chair en Cultura y Civilización Latinoamericanas (Universidad de Nueva York, 2011).

Es autora, entre otros libros, de La construcción simbólica de la ciudad (1996), Horizontes fragmentados. Comunicación, cultura, pospolítica (2005), y coordinadora de Los jóvenes en México (2010).

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El vuelo de las luciérnagas

Rossana Reguillo
singular
$250
Vivimos tiempos atravesados por la catástrofe: múltiples guerras, fronteras en trinchera, tecnologías de seguridad que en realidad son de control, discursos que reducen la vida a cifra, desecho o amenaza. En medio de ese paisaje oscuro, El vuelo de las luciérnagas propone una apuesta contracorriente: aprender a mirar aquello que, aun en la noche más densa, sigue emitiendo luz. Inspirado en los pensamientos de Georges Didi-Huberman, Achille Mbembe, Nelly Richard, Mary Louis Pratt, entre otras y otros, tanto como en investigaciones propias, este libro rastrea las luciérnagas del presente: gestos mínimos de resistencia, prácticas artísticas y comunitarias, luchas colectivas, modos de mirar, escuchar y nombrar que interrumpen el orden de la violencia y abren fisuras en lo dado. Desde ensayos que dialogan con la filosofía política, el arte contemporáneo, la cinematografía y las ciencias sociales, este libro traza una cartografía de resistencias frágiles pero obstinadas. No se trata de ofrecer un consuelo superficial ni una falsa utopía, sino de entrenar la mirada para reconocer los tenues destellos que hieren la oscuridad. Quizá el futuro no llegue como promesa grandiosa y sea apenas una chispa perceptible, pero aprender a reconocerla —y a cuidarla— puede ser hoy un acto profundamente político.