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La vida afectiva

Luis Gadea de Nicolás
salud y sociedad
$415
Este libro propone que aprendamos a amar y que sea eso, precisamente, lo que enseñemos a nuestros hijos. Demanda que todos transitemos el camino que va del amor narcicista —amor que sólo considera la satisfacción propia— al amor verdadero —comprometido con el bienestar y la felicidad del otro— para seguir creciendo hasta alcanzar el estado de amor universal que abarque a toda la humanidad, a la naturaleza plena. Una actitud profunda de reverencia hacia la vida. Sostiene que la construcción de la autoestima es la meta de la educación y que ningún niño podrá sentirse amado si no experimenta genuino amor ni podrá sentirse respetado si no vive con genuino respeto. También explica cómo educar niños que sepan obedecer y reconozcan y acepten límites sensatos, pero también niños que sepan desobedecer órdenes injustas y aprendan a lidiar con el abuso y el autoritarismo. Niños y niñas inteligentes que sepan decir sí y no. Sobre todo, se ocupa del desarrollo del sentido de obligación moral: de la educación de niños buenos, justos y nobles por convicción, no por temor. El libro también trata de la educación sexual y sostiene que educar una sexualidad sana es educar para el amor.

Salud y bienestar para nuestros hijos

Luis Gadea de Nicolás
salud y sociedad
$415
“De seguir así las cosas, los niños del siglo XXI podrían ser la primera generación de hijos que no sobreviva a sus padres”, advierte el profesor Andrew Prentice. La salud es consecuencia de una vida sana. Si queremos que nuestros hijos estén sanos, tengan energía para crecer y aprender y no les proporcionamos los elementos necesarios para la salud, entonces estamos esperando un milagro.” Un niño o una sociedad que no gocen de buena salud no pueden aspirar a nada. La salud es lo primero y principal. Procurar que los niños y la población entera gocen de buena salud es el propósito central e indiscutible en cualquier lista de prioridades. Es vital enfocarnos en la prevención de déficit en el desarrollo, enfermedades, discapacidad y lesiones que comprometan la integridad física y moral de nuestra niñez y juventud. Prevenir es posible, es necesario, es moral, es indoloro, es inteligente, es económico, es patriótico.

La inteligencia humana y su desarrollo

Luis Gadea de Nicolás
salud y sociedad
$355
Es correcto decir que el niño desarrolla su inteligencia gracias a la estimulación y a los amorosos cuidados que recibe de sus padres. También, afirmar que el conocimiento se origina en la interacción del niño con el mundo social, natural y cultural que le tocó vivir. Sin embargo, afirmaciones tan generales son de poca utilidad a la hora de traducirlas a la acción. Doy un ejemplo: “Se ha recomendado —explica la ocde— que los maestros y padres de familia provean un ambiente colorido, interesante y sensorialmente significativo para asegurar que un niño sea brillante”. Esta vaguedad es claramente insuficiente. Debemos profundizar y comprender cómo se relacionan el niño, su propia experiencia vital, y la educación que le brindamos, en el proceso de construcción del conocimiento. Será productivo el esfuerzo que hagamos por analizar estas cuestiones. Hay dos buenas razones: un interés práctico —contribuir al desarrollo de la poderosa inteligencia de nuestros hijos— y, el mero placer que produce la comprensión de nuestro prodigioso intelecto.

La escuela y la educación de nuestros hijos

Luis Gadea de Nicolás
salud y sociedad
$355
Elegir la escuela a la que irán nuestros hijos es una de las grandes decisiones que los padres de familia tenemos que tomar. Estoy de acuerdo con Rébsamen cuando afirma que la primera y principal pregunta que debería hacerse toda sociedad culta es: ¿Cómo hemos de educar a nuestros hijos?, pues a todos conviene pensar con cuidado lo que queremos para nuestros hijos y para la futura sociedad. Educar es un delicado proceso de construcción de identidades. Ser constructivista en educación significa comprender que lo que se construye son personas integras que dediquen su esfuerzo y su trabajo a la construcción de la felicidad y el bienestar personal y a la construcción de un mundo más justo y más feliz. Afirma tajante Immanuel Kant: “Sólo por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. La educación es la falla histórica del país. Una sola generación de mexicanos bien educados cambiará para siempre el destino de nuestra nación.