Karl Marx nació en 1818 en Tréveris, Alemania. Estudió en Bonn y en Berlín, donde se contactó con la izquierda hegeliana. Poco después de graduarse pasó a dirigir la Gaceta Renana. En 1843 emigró a París; allí, junto con Arnold Ruge, fundó los Anales francoalemanes. De esos años son dos de sus obras juveniles más importantes, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel y Sobre la cuestión judía, y el comienzo de su amistad y colaboración con Friedrich Engels, que se prolongará durante toda su vida. Al madurar su ruptura con los jóvenes hegelianos afirmó también, en polémica con Ludwig Feuerbach y Pierre- Joseph Proudhon, la concepción materialista de la historia. Durante los movimientos revolucionarios de 1848 en Francia y Alemania, publicó el Manifiesto del Partido Comunista. Forzado a nuevas migraciones, se estableció en Londres y encaró el análisis de la relación entre capital y fuerza de trabajo, sistematizado en El capital. Durante los años sesenta impulsó la reunificación del movimiento obrero europeo. Como relator de la Primera Internacional, presentó La Guerra Civil en Francia, que reseña la experiencia de la Comuna de París de 1871. Hasta su muerte en 1883, fue testigo de la formación de los partidos socialdemócratas, que motivó su Crítica del Programa de Gotha, así como de la irrupción de los primeros movimientos revolucionarios en Rusia.

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Manifiesto comunista

Friedrich Engels
biblioteca del pensamiento socialista
$129
Escrito en 1848 por dos revolucionarios de 28 y 30 años, olvidado o revitalizado según el momento histórico, el Manifiesto Comunista se irradió por todo el globo y se tradujo a todas las lenguas, excediendo largamente la esfera del movimiento obrero y las izquierdas. Incluso después del fin del comunismo soviético y la declinación de los partidos marxistas, el Manifiesto se afirma como el clásico político más influyente, con mucho que decir al mundo en las primeras décadas del siglo XXI. Todavía hoy, a más de un siglo y medio de su aparición, nuestro lenguaje político y nuestra imaginación histórica siguen siendo tributarios de sus vigorosos conceptos y sus imágenes poderosas: el fantasma del comunismo que recorre el mundo, la historia de la sociedad humana como lucha de clases, un mundo crecientemente globalizado por una expansión irrefrenable del capital, una burguesía que –como un mago incapaz de controlar las potencias que desencadenan sus propios conjuros– no puede existir sin revolucionar incesantemente sus propios medios de producción, un capitalismo que en su expansión sólo aplaza una crisis final resultante de la contradicción insalvable entre el crecimiento de las fuerzas productivas y el estrecho marco de sus relaciones de producción y propiedad. La presente edición, que incluye los sucesivos prólogos escritos por los autores, cuenta con una deslumbrante introducción de Eric Hobsbawm, que lee el Manifiesto desde la perspectiva del presente, señalando su poder predictivo y la asombrosa vitalidad de sus hipótesis, capaces de sobrevivir al vendaval de la historia. En una traducción revisada y anotada por Horacio Tarcus, a fin de reponer el contexto imprescindible para nuevas generaciones de lectores, el texto vuelve a mostrar que, además de ser una pieza única de retórica revolucionaria, es la más concisa y la más sugestiva caracterización del capitalismo.