Nació en Buenos Aires en 1948 y vivió parte de su infancia en Tel Aviv, ya que su padre era el embajador argentino en Israel. La familia regresó al país cuando él tenía 7 años. A partir de 1968, vivió en Francia, Inglaterra, Italia y Tahití, desempeñándose como editor, traductor y escritor. En 1980 escribió, junto con Gianni Guadalupi, Breve guía de lugares imaginarios. Le siguieron Diario de lecturas, El regreso, La ciudad de las palabras: mentiras políticas, verdades literarias, Todos los hombres son mentirosos, Una historia de la lectura, La biblioteca de noche, Conversaciones con un amigo y Una historia natural de la curiosidad, entre otras obras. Ha colaborado en diversos medios y publicaciones, y ha recibido numerosos reconocimientos a su obra y su trayectoria. Volvió a la Argentina en 2016, al ser designado director de la Biblioteca Nacional

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Una historia natural de la curiosidad

Alberto Manguel
historia
$790
Tengo curiosidad sobre la curiosidad es la afirmación que abre este libro. Una de las primeras frases que aprendemos de niños es ¿por qué?. La decimos una y otra vez, para saber algo del mundo en que vivimos, para entender cómo funcionan las cosas o para compartir con otros nuestra perplejidad. Y aunque muy pronto descubrimos que la curiosidad pocas veces encuentra respuestas reveladoras y definitivas, seguimos preguntando, porque el deseo de saber y de dialogar con otros es más fuerte. Y porque nos damos cuenta de que si las afirmaciones tajantes tienden a aislar, a dejarnos solos con lo que creemos saber, las preguntas unen. En Una historia natural de la curiosidad, Alberto Manguel plantea interrogantes muy diversos y apoyándose en su rica experiencia de lecturas y viajes, pero también de afectos y trabajos despliega respuestas cautivantes. Cada capítulo abre con una pregunta (¿Qué es la curiosidad?, ¿Qué es el lenguaje?, ¿Quién soy?, ¿Dónde está nuestro lugar?, ¿Qué hay después?, ¿Qué podemos poseer?, entre otras) y sigue con una respuesta que, lejos de ser enciclopédica y convencional, narra en estricta clave autobiográfica el vínculo con el tema planteado. Así, para elucidar qué es el impulso de poseer, Manguel empieza contando cuál es su relación con el dinero y los objetos; para responder dónde está nuestro lugar en el mundo, reflexiona sobre su propia vida, hecha de mudanzas constantes, y para explicar qué es el lenguaje relata una situación personal extrema, la imposibilidad desesperante de poner en palabras el pensamiento en medio de un accidente cerebrovascular. Desde luego, este enfoque autobiográfico es el punto de partida, sólido y genuino, de un desarrollo que se nutre de la historia, la literatura, el arte o lo cotidiano. Esta obra, tal vez la más personal del autor del ya clásico Una historia de la lectura, constituye una guía y un recordatorio de las preguntas fundamentales y del ejercicio de pensar sin moldes a partir de ellas, asumiendo el riesgo y la marca de la propia historia.

Una historia de la lectura

Alberto Manguel
historia
$485
Una historia de la lectura recorre seis mil años de palabra escrita, desde las tablillas de arcilla del cuarto milenio a. C. hasta los libros impresos y los formatos digitales. En esta guía exquisita, Manguel retrata a lectores de todos los tipos y todos los tiempos (como Aristóteles o Borges, Virgilio o Dickens), sus hábitos y gustos, y nos conduce por las librerías del mundo, las cualidades de cada edición, las bibliotecas célebres y las desconocidas. Así, Manguel demuestra que el deseo de leer puede ser felizmente analizado. Sin duda, una obra clásica y fascinante para curiosos y amantes de los libros. Una historia de la lectura fue traducida a muchas y diversas lenguas: inglés, árabe, alemán, portugués, chino, coreano, danés, francés, griego, hebreo, italiano, checo, ruso, croata, esloveno, japonés, turco, neerlandés y noruego.Alberto Manguel ha cartografiado un espacio personal que podríamos llamar el eros de la lectura. Allí celebra la multiplicidad del deseo tempestuoso, oculto, intermitente, exangu?e que nos liga a un texto literario. Allí hace honor a la dualidad de la palabra francesa jouissance, que significa tanto goce sexual como disfrute. Tomando prestada la imagen de San Juan, Al leer o al hacer el amor, deberíamos ser capaces de perdernos en el otro y de salir transformados de ese acto: de lector en escritor en lector, de amante en amado en amante. La analogía sexual es crucial. La cita de Manguel con el texto amado es íntima, posesiva y plenamente privada. Como en el erotismo, cada consumación supone sus peligros y su registro específico de pasión. Manguel es un Don Juan de las bibliotecas. (George Steiner) Manguel fue un lector precoz e infatigable. La verdad escribe es que no puedo recordar un tiempo en que no viviera rodeado por mi biblioteca. Cuanto tenía 7 u 8 años, mi cuarto parecía una Alejandría en miniatura. Hay quienes aman el conocimiento, y hay quienes aman la lectura. Manguel está entre los últimos. No se trata, en su caso, de ignorancia, sino de un saber que tiene la impronta alusiva y elusiva que comúnmente se asocia con la lectura. No traza teorías generales ni afirmaciones definitivas. Su método se nutre de la asociación y el hallazgo casual. Él mismo es un erudito casual en la tradición de Robert Burton o de Thomas Browne; un cazador de tesoros recónditos. (Peter Ackroyd)

Con Borges

Alberto Manguel
la creación literaria
$330
En 1964, un joven Alberto Manguel conoció a Jorge Luis Borges en la librería Pigmalion, donde trabajaba como vendedor por la tarde, cuando salía del colegio. Desde entonces, y hasta 1968, fue a la casa del escritor varias noches por semana, a leerle en voz alta. Con Borges es el relato imperdible, delicioso, de esos encuentros, que consistían en sesiones de lectura, paseos por la ciudad, conversaciones, comidas, ocurrencias. Con un tono en que confluyen la frescura del adolescente que no cree estar viviendo un hecho extraordinario y la lucidez del lector y escritor adulto que vuelve sobre una zona decisiva de sus recuerdos, Manguel construye su Borges sin caer jamás en la solemnidad, atendiendo al suceder cotidiano: Borges en su casa, la víspera de Año Nuevo, dictando un poema que ha compuesto con precisión en su mente, preparando una charla y memorizándola, buscando un libro en su biblioteca y encontrándolo sin titubear; Borges con Silvina Ocampo y Bioy Casares, compartiendo el relato de sus sueños nocturnos; Borges en el cine, intensamente conmovido; en la calle, caminando por Florida y explicando cómo puede saberse si un poeta es bueno o malo; en una librería, recorriendo con sus manos libros desconocidos hasta descifrar nombres y títulos. Anécdotas desopilantes como la del escritor ansioso por leerle un cuento de cuchilleros o poco conocidas la visita que le hizo Marguerite Yourcenar en Ginebra, poco antes de su muerte componen un libro revelador por partida doble: del Borges íntimo que los homenajes escamotean, y del Manguel que, de regreso en Buenos Aires, percibe la ciudad real y vertiginosa de hoy a través de esa ciudad imaginaria, personal, que le proponen los recuerdos.

Cómo Pinocho aprendió a leer

Alberto Manguel
la creación literaria
$205
Siempre quise ser lector. Siento la escritura como un acto secundario, aleatorio, en mi caso prescindible, pero creo que no podría vivir sin leer. La lectura es un acto solitario; sin embargo su consecuencia lógica es el impulso de compartirla con otros, de tomar a un amigo por el brazo y llevarlo a ese pasaje que tanto nos conmovió, nos iluminó, nos llenó de azoramiento o felicidad. Este impulso nació una tarde inconcebiblemente lejana, alrededor del fuego, cuando empezamos a contar historias para compartir nuestras experiencias con otros, y también aprender de sus experiencias. Hoy seguimos contando his- torias, seguimos escribiendo y leyéndolas por esas mismas razones. A. M. Esta selección de textos, hecha por el propio Alberto Manguel, se publica en ocasión de la entrega al autor del Premio Internacional Alfonso Reyes 2017.